
-Abráse visto!- la mujer con más experiencia en ausntos de amor, escandalizada.
- ¡Qué horror! Jamás lo habría pensado, ¿cómo es posible?- exclamó manteniendose firme, la prima segunda de Ella.
La gente las repelaban, todos permanecian en silencio,pero sus miradas mataban a esas dos jovenes que se amaban desde el primer momento en que se vieron.
Era inevitable, era su destino. Murierón por la escasa libertad que se tenía, por esa homofobia que vivía en aquel pueblo. Peor que a las brujas, las violaron, les arrancarón la piel, las uñas...pero todas esas torturas fueron escasas en comparación a lo que sentian ellas.
Ella, la más joven, se sentia perdida sin Sophie. Era lo que más queria en mucho tiempo y aunque estaba mal visto no podia evitar sentir lo que sentía. Esa sensación, atracción,pasión... la vencia. El dolor que le estremecia era el de saber que su amada, estaba sufriendo por la injusticia de la epoca, por su culpa.
- Ese beso maldito...-pensaba- no debería...jamás debí.-sus lágrimas caian puras e inocentes por ella.
Sophie, aunque era más mayor, era igual de pura. Se fijó en Ella solo entrar en el salón aquella noche, con su vestido azul celeste adornado con perlas grises, del más profundo y oscuro mar. Como de costumbre las familias se presentaron, empezarón a charlar, las miradas, los pequeños roces supuestamente no intencionados. Un dulce paseo por el jardín y un laberinto.
No solo se perdieron en el, se fundieron en una misma.
Ahora morían por ese amor prohibido, encadenadas siempre en lo propio, en lo correcto, en el bien...dulce pecado de sangre ardiente mira lo que provocaste. ¿ de qué sirvió todo? La muerte era la unica solución.
Murieron por ese amor, por su propio amor.
La sangre corria por ambos lados, ellas gritaban de dolor por no estar juntas.
Cuando los dos caminos rojos, acompañados por el reflejo de la Luna, se unieron marcharón de ese Mundo de perfecciones, para encontrarse y así poder amarse juntas...por siempre.