viernes, 2 de julio de 2010

Noches de verano


No me gusta quedarme en casa las noches de verano, me agobio, paso calor y no duermo bien. No puedo salir de fiesta pero me gustaría salir a pasear, el incoveniente es que soy demasiado perezosa como para ponerme unos jeans- sí esos que todos tenemos tirados encima de cualquier mesita,silla,taburete o, incluso,hecho una bola en el armario.-ponerme unas bambitas veraniegas o chanclas, y una camiseta ancha ,o incluso, la del pijama mismo; total nadie se va a fijar en ti cn las pintas que llevarás,todos irán a su rollo si te encuentras con alguien, aunque yo me fijaría.
También justo cuando sales por la puerta,silenciosamente para que el perro no ladre y despierte a la família, piensas dónde ir, qué hacer,etc. pero tu cuerpo no esta por la labor, automáticamente lo hace todo por ti. Llegas a la portería y sales. Ese fresquito agradable de la noche te da la bienvenida a un nuevo mundo, centrado en ti y en tu mente. Paseas hacía un lugar que, durante el día, siempre esta abarrotado de gente y lo disfrutas tu solo, en silencio y caminando pausadamente. Sonries mientras caminas, das vueltas sobre ti mismo, respiras profundamente y dices en alta voz 'me encanta'.
No sé para vosotros,pero para mí ,esa sensación es magnífica, gratificante, pacífica y única.

miércoles, 30 de junio de 2010

Alevosías



Cómo se hace para salir de sí y entregarse y fundirse en otra carne. Cómo se hace para no tener miedo. Para ofrecerse sin temor a ser poseída. Cómo se hace para que el beso no concluya en la boca ni la caricia en el límite del vestido, sino que se prolongue y se adentre con la indecente curiosidad de la infancia. Por qué la inocencia era más sabia que la pasión, y más audaz. Por qué con su piel de niña se murieron las correrías, las exploraciones, las invitaciones, los apremios, los saqueos y los asombros...



Alevosías de Ana Rossetti

domingo, 27 de junio de 2010

Libertad absoluta.




Como ladrón a punto de morir ahorcado ella se sentía. Esa presión tan profunda, tan presente que había.Se acercaba. La soga cada vez estaba más cerca, ella temblaba. ¿Tenía miedo? No. Era su única salida a la, tan bien conocida, libertad.
La soga cada vez le apretaba más, esos clerigos querían quedarse con ella, con su alma. Ella luchaba, se creía fuerte, tal vez sí que lo fuera. La sentía, sentía la fuerza que todo lo puede. Luchó, sudó, desgastó sus perfectos dientes, incluso gritó para darse impulso. Como pez recién pescado se movía. Podía hacerlo. Pasaron minutos y su lucha, todavía presente, perdia la fuerza. Poco a poco esa furia fue desapareciendo hasta que se dió por vencida y la soga la atrapó. Su cuerpo colgaba ante toda esa gente hipocrita que sólo hacia que reirse de ella y de los suyos.Pero lo que no sabía esa gente es que esas risas malevolas, la alimentaban a ella y a su fuerza, y que ella ahora tenía lo que siempre deseó, la libertad absoluta.

Jodeos cabrones.- dijo satisfecha.




(:

viernes, 25 de junio de 2010

Se amaban, pero ante el resto de la gente debían odiarse.


-Abráse visto!- la mujer con más experiencia en ausntos de amor, escandalizada.
- ¡Qué horror! Jamás lo habría pensado, ¿cómo es posible?- exclamó manteniendose firme, la prima segunda de Ella.
La gente las repelaban, todos permanecian en silencio,pero sus miradas mataban a esas dos jovenes que se amaban desde el primer momento en que se vieron.
Era inevitable, era su destino. Murierón por la escasa libertad que se tenía, por esa homofobia que vivía en aquel pueblo. Peor que a las brujas, las violaron, les arrancarón la piel, las uñas...pero todas esas torturas fueron escasas en comparación a lo que sentian ellas.

Ella, la más joven, se sentia perdida sin Sophie. Era lo que más queria en mucho tiempo y aunque estaba mal visto no podia evitar sentir lo que sentía. Esa sensación, atracción,pasión... la vencia. El dolor que le estremecia era el de saber que su amada, estaba sufriendo por la injusticia de la epoca, por su culpa.

- Ese beso maldito...-pensaba- no debería...jamás debí.-sus lágrimas caian puras e inocentes por ella.

Sophie, aunque era más mayor, era igual de pura. Se fijó en Ella solo entrar en el salón aquella noche, con su vestido azul celeste adornado con perlas grises, del más profundo y oscuro mar. Como de costumbre las familias se presentaron, empezarón a charlar, las miradas, los pequeños roces supuestamente no intencionados. Un dulce paseo por el jardín y un laberinto.
No solo se perdieron en el, se fundieron en una misma.

Ahora morían por ese amor prohibido, encadenadas siempre en lo propio, en lo correcto, en el bien...dulce pecado de sangre ardiente mira lo que provocaste. ¿ de qué sirvió todo? La muerte era la unica solución.

Murieron por ese amor, por su propio amor.
La sangre corria por ambos lados, ellas gritaban de dolor por no estar juntas.
Cuando los dos caminos rojos, acompañados por el reflejo de la Luna, se unieron marcharón de ese Mundo de perfecciones, para encontrarse y así poder amarse juntas...por siempre.